Santo Domingo.- ¡Huérfana, huérfana! le vociferaban sus compañeritos del colegio
cuando apenas tenía 8 años y aún ignoraba que sus padres habían muerto en extrañas
circunstancias. A esa edad tampoco sabía por qué en su casa no se celebraba la navidad
y por qué su abuela siempre vestía de negro y con frecuencia lloraba.   “A tú mamá la
mataron y tu papá se mató en un accidente, ieje, ieje”, también le decían convirtiendo su
pesar en un juego burlón propio de niños inocentes que, según los psicólogos, aún no
distinguen entre el bien y el mal y generalmente reproducen conductas aprendidas.

Aída Rosa del Pilar Awad Báez ya tiene 50 años y todavía sufre el desarraigo de su madre
desde el mismo día en que nació, y cómo nueve meses después dejó de percibir el olor, la
ternura y los brazos fuertes de su padre sosteniéndola mientras le daba de tomar la leche
antes de dormir.

“Todavía me duele...” dice con voz entrecortada, lluvia en sus ojos y la piel erizada de la
impotencia y el deseo profundo de haber visto a su madre viva, pero vuelven a brillar sus
ojos negros cuando se acerca al retrato de su madre y cuenta con tanta emoción que fue
ahora cuando pudo verla por primera vez caminando, a través de en un video”.    


Respecto a la burla de sus amiguitos del colegio, recuerda que “yo era muy tímida y no
decía nada. Mi abuela se enteró porque Dolores Pozo y tía Noris se lo contaron y ella fue
al colegio con ese gran sufrimiento que ya no podía soportar, a rogar que se me respetara
mi destino”.

En su hogar nunca se trató ese tema. Lo que sabía hasta los nueve años era que sus
padres no estaban en casa y que podía escribirles cartas, aunque no entendía por qué
nunca les llegaban; nunca recibió respuesta.

Fue en un consultorio médico acompañando a su abuela materna cuando supo de manera
abrupta la noticia: “Mira, esa es la hija de la mujer que mataron porque Angelita se
enamoró del marido de ella, que también lo mataron porque el esposo de la hija de Trujillo
(coronel Luis José León Estévez), estaba celoso”, le comentó una secretaria a otra.

No comprendía bien lo que estaba pasando y pidió a su abuela, quien ocupó el lugar de
su madre muerta de una supuesta complicación propia de los partos, que le explicara de
qué se trataba ese comentario, “pero mi pregunta no fue contestada y tuve que
conformarme con la promesa de que cuando fuera más grande sabría toda la verdad”.

A los 15 años, relata Pilar -también apodada Pachi, como su madre- fue que su abuela se
vio precisada a contarle la historia de la desaparición de sus padres, el teniente Jean
Awad Canaán y Pilar Báez de Awad, porque Angelita Trujillo, la hija menor del déspota
Rafael Leónidas Trujillo, se encontraba en el país y los periódicos se llenarían de noticias.

Pachi, quien recibió en su hogar al director de este diario, Miguel Franjul, a quien suscribe
esta nota y al fotorreportero Jorge Cruz, para contar su historia, relata que Angelita vino al
país en el 1975 con el pretexto de bautizar un hijo, pero que no pudo hacerlo porque no
se le permitió y ella, al parecer, no hizo las gestiones que le garantizaran eso.

Para que no se repita
“Lo que más me preocupa es la burla. Es difícil de conseguir la prueba de la causa de la
muerte de mi madre  y del misterioso accidente de mi padre, pero tengo que defender su
honor. No puedo permitir que Angelita Trujillo se burle del honor de ellos, de mí, que he
sufrido tanto, y de toda la sociedad, también afectada con el régimen”. Pilar Awad nunca
se había referido públicamente al tema hasta la reciente publicación del libro de la hija del
tirano, titulado “Trujillo, mi padre .... en mis memorias, Angelita.

Al explicar por qué sale a luz pública si nunca lo hizo antes, dice: “es para que el país se
entere de qué eran capaces esas gentes, para que no vuelvan a caer en una dictadura de
Trujillo; que ahora no quiera esa gente volver a formar un partido político o lo que sea y a
volver ...”.

“...y lo hago por la memoria de mis padres, que se sepa toda la verdad”, agrega esta
dama que aún conserva la candidez de la niña que fue hasta que comenzaron las burlas
por la orfandad en la que se encontraba entre sus compañeras del colegio y comenzaron
a preocuparle los misterios que rodeaban a su familia.

Pilar Awad vivió en Holanda durante 23 años y desde hace cinco años residía en el país,
pero tenía planes de irse a vivir a Australia, donde su hija Aída Dilemina Pilar realiza una
maestría en comunicación exterior. También tiene un hijo llamado Jean, como su abuelo
ido a destiempo.

ORACIÓN DE LA ABUELA DE PACHI BUSCANDO PAZ
Jesús mío, al darme ésta mi primera hija tan tiernamente amada, me disteis la mayor
dulzura que podría colmar mi ambición de madre, ¡una hija con la cual soñé siempre! Hoy
me la habéis arrebatado y resignada en cuanto me es posible en mi extremo dolor, medito
en el porqué así lo has querido y elevo entonces al cielo una oración ¡que sea vuestra
santa voluntad! En esta terrible prueba no me abandones buen Jesús y perdóname si
alguna vez he juzgado cruel vuestro designio.

No condenéis las lágrimas de una madre atribulada que a veces se ha abatido sin
resignación, no permitáis que se escape a mi dolor una sola palabra que pueda
desagradaros. No deseo jamás hacer una queja ni con el pensamiento que no sean
conforme con la sumisión cristiana que os debo.

Ayúdame Jesús a que mi dolor no degenere en desesperación ni que el sentimiento de lo
que he perdido me haga injusta con lo que me queda.

Dadme fuerzas para levantar mi alma abatida, fuerzas para levantar el retoño que ha
dejado este pedazo de mi corazón ido tan a destiempo, enséñame a educarla llena de fe y
con la esperanza de conseguir en ella la dulzura y bondades de su madre.

Apiádate de mí Virgen Santísima de los Dolores y dadme fuerzas para sufrir mi honda
pena, permitid que yo acepte como vos la espada dolorosa que ha atravesado mi alma,
que esté con valor al pie de la cruz hasta la hora de la muerte, sumisa y resignada.
Aída Perelló de Báez
“Las cartas de Pachi que nunca llegaron al cielo”


Wendy Santana
Fuente: http://www.listin.com.do/app/article.aspx?id=137516

Similitud. La hija de Jean Awad Canaán y Pilar Báez de Awad deja
de lado los recuerdos tristes y sonríe cuando se acerca al retrato
de su madre, a quien se parece bastante, aunque también a
losrasgos árabes de su padre.
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