BIOGRAFIAS DE LOS HOMBRES Y MUJERES QUE FUNDARON LA REPUBLICA
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JUAN PABLO DUARTE
Juan Pablo Duarte y Diez nació en la ciudad de Santo Domingo el 26 de enero de 1813, durante el perÃodo conocido como el de la
"España Boba". Sus padres fueron Juan José Duarte, oriundo de Vejer de la Frontera en la provincia española de Cádiz, y Manuela
Diez Jiménez, oriunda de El Seibo, hija a su vez de padre español y madre dominicana.
Luego de que las tropas del haitiano Toussaint L'Ouverture llegaron al paÃs en 1801, tomando posesión de la ciudad de Santo Domingo,
los Duarte salieron hacia Puerto Rico, residiendo en Mayagüez, Puerto Rico, donde ha debido nacer su hijo primogénito Vicente
Celestino, pero hasta ahora no se ha encontrado constancia de ello. La familia regresó al paÃs luego de terminada la guerra de la
Reconquista en 1809, cuando el paÃs volvió a ser colonia española
Su padre trabajó tesonera y provechosamente en su negocio de efectos de marina y ferreterÃa, único en su género en la ciudad de
entonces, situado en la margen occidental del rÃo Ozama, en la zona conocida con el nombre de La Atarazana. En esta época nacieron,
además de Juan Pablo, dos de los cinco hijos llegados a mayores: Filomena y Rosa. Nacieron otros que murieron jóvenes: Francisca,
Sandalia y Manuel.
El padre de Duarte murió en la. ciudad de Santo Domingo eI 25 de Noviembre del 1843, estando Duarte ausente del pais y su madre en
Caracas en el 1858, durante el destierro que le impuso Santana, en unión de sus hijos.
Juan Pablo fue bautizado en la Iglesia de Santa Bárbara el 4 de febrero de 1813. Sus primeras enseñanzas las recibió de su madre y,
más tarde, asistió a una pequeña escuela de párvulos dirigida por una profesora de apellido Montilla. De allà pasó a una escuela
primaria para varones, donde desde muy temprano dio muestras de una gran inteligencia. Fue admitido más tarde en la escuela de don
Manuel Aybar, completando sus conocimientos de lectura, escritura, gramática y aritmética elemental.
Siendo casi un niño recibió clases sobre tenedurÃa de libros para pasar, ya adolescente bajo la tutorÃa del doctor Juan Vicente
Troncoso, uno de los más sabios profesores de entonces. Con él estudió FilosofÃa y Derecho Romano, mostrando, una vez más, su
gran deseo de superación y de amor por los estudios.
En 1828 o en 1829, con apenas quince años de edad, y acompañado del señor Pablo Pujols, comerciante ligado a su familia, sale vÃ
a Estados Unidos, Inglaterra, y Francia rumbo a España, radicándose en Barcelona, donde tenÃa parientes. Poco se conoce de Duarte
durante su permanencia en España.
Para 1831 ó 1832 aparece de nuevo en Santo Domingo y trabaja en el negocio de su padre. Realiza una intensa vida social que le liga a
importantes sectores de la pequeña burguesÃa urbana. Es testigo de matrimonios, apadrina bautizos y asiste a reuniones de carácter
cultural. Esa viviencia de la sociedad es la que le permite percibir que existe un sentimiento patriótico que rechaza la presencia de los
haitianos en el paÃs. El mérito de Duarte, como patriota y como polÃtico organizador estriba, fundamentalmente, en que supo
interpretar el momento histórico que vivÃa la sociedad dominicana de aquel entonces, renuente en sus capas más decisivas a aceptar la
dominación haitiana. Para ese momento el gobierno de Boyer habÃa envejecido y de un gobierno liberal y progresista, pasó a ser una
dictadura con graves problemas económicos y resistencia interna en su territorio original.
Juramento de los Trinitarios
En el nombre de la santÃsima, augustÃsima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, en manos de nuestro presidente Juan Pablo
Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la Separación definitiva del gobierno haitiano, y a implantar una República libre,
soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana , la cual tendrá su pabellón
tricolor, en cuartos encarnados y azules, atravesados con una cruz blanca. Mientras tanto, seremos reconocidos los Trinitarios con las
palabras sacramentales: "Dios", "Patria" y "Libertad". Asà lo prometo ante Dios y el mundo: si lo hago, Dios me proteja, y de no, me lo
tome en cuenta, y mis consocios me castiguen el perjurio y la traición, si los vendo.
Apegado a la lectura y ávido de conocimientos, traducÃa del francés al español, asà como del latÃn. El 16 de julio de 1838,
después de haber realizado una discreta labor de proselitismo, fundó la sociedad secreta " La Trinitaria ". para que asumiera la
responsabilidad de dirigir las actividades. Esta sociedad, que respondÃa a una estructura celular, tenÃa por lema "Dios, Patria y Libertad"
y sus primeros miembros fueron Juan Pablo Duarte, Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandro Pina, Jacinto de la Concha, Félix MarÃa Ruiz,
José MarÃa Serra, Benito González, Felipe Alfau y Juan Nepomuceno Ravelo. Más adelante surgió otra sociedad "La Filantrópica"
destinada a realizar una importante labor de propaganda mediante la representación de piezas teatrales.
Duarte tenÃa antes de la independencia un definido concepto de la nación dominicana y de sus integrantes. En su proyecto de
constitución dice con claridad que la bandera dominicana puede cobijar a todas las razas, no excluye ni da predominio a ninguna. Su
concepción de la República era la de un patriota, republicano, anticolonialista, liberal y progresista.
Cuando se inició en 1843 la revolución contra Boyer que repercutió en la parte oriental de la isla, Duarte encabeza el movimiento
reformista en la ciudad de Santo Domingo. Juega un papel decisivo que lo llevó al liderato de los republicanos que luchaban por la
independencia. Las circunstancias lo obligaron, más tarde, junto a otros compañeros a abandonar el paÃs. Pero al ausentarse del
territorio nacional sus compañeros, encabezados por Francisco del Rosario Sánchez y MatÃas Ramón Mella, llevaron a cabo las
gestiones finales del movimiento. Redactaron el Manifiesto del 16 de enero de 1844 en el cual quedaron plasmados los principios
republicanos y liberales que Duarte predicó durante años y ratificaron, en el cuerpo de ese do*****ento, la firme voluntad de crear un
Estado soberano.
Después del 27 de febrero regresó a su patria, y se incorporó a la Junta Central Gubernativa dominada por los sectores más
conservadores que no tenÃan fe en la viabilidad de la República. Se inició un proceso de luchas internas que culminó con la expulsión
del territorio nacional de los patriotas fundadores del Estado dominicano. Ese Estado que nace a la vida pública, llevando en su seno
oportunistas, conservadores y anexionistas en las más altas posiciones usurpadas a los iniciadores del movimiento separatista, que
encarnaron siempre la vocación de sacrificio y el amor a la libertad de la mayorÃa del pueblo.
Falleció en Caracas, Venezuela, el 15 de julio de 1876 a los 63 años de edad.
FRANCISCO DEL ROSARIO SANCHEZ
Francisco del Rosario Sánchez es uno de los grandes próceres republicanos de la historia dominicana. Héroe del 27 de febrero de
1844, hombre de acción y, como Duarte, Mella, Cabral, Pimentel, Manzueta, Adón y otros, expresión auténtica de dominicanidad y
de vocación patriótica, republicana y revolucionaria. Su vida como hombre público fue honesta, incorruptible e inmaculada y fue
marcada por su comportamiento valiente, temerario e ingenuo.
Nació en Santo Domingo el 9 de marzo de 1817, durante los últimos años del perÃodo colonial conocido como la "España Boba".
Fue el primer hijo de la unión de Narciso Sánchez, tablajero de profesión, y Olaya del Rosario, ambos personas de color. En el acta
bautismal de Olaya del Rosario aparece como "parda libre", lo que implica su ascendencia africana. Cuando se unió a Narciso, ya era
madre de un hijo a quien su compañero le dio su apellido. Francisco nació antes de que sus padres contrajeran matrimonio.
Poco sabemos de su niñez y adolescencia sino que, en los primeros años de su juventud fue "peinetero en concha" y, a los 22 años,
escribiente del Estado Civil. Fue discÃpulo del padre Gaspar Hernández.
No se conoce cuando comenzó su relación con Juan Pablo Duarte pero el hecho de que no figuró entre los fundadores de la sociedad
secreta "La Trinitaria" en 1838, hace pensar que se conocieron después de esa fecha. De todas formas, al ampliarse los trabajos de esa
organización patriótica Sánchez se convirtió en un Trinitario en quien Duarte confiaba plenamente. Poco tiempo después de iniciados
los trabajos que persiguen la separación y la independencia, pasó a ser el segundo jefe del movimiento. Extiende sus actividades de
proselitismo e información fuera del ámbito de la ciudad de Santo Domingo.
Luego del triunfo del movimiento "reformista" que derrocó el gobierno de Boyer, cuando Charles Herard viaja a la parte Este, Sánchez,
perseguido, sale de Los Llanos y se dirige a Santo Domingo, cruzando a nado el rÃo Ozama y avisa a Duarte de la llegada de Herard.
Buscado por las autoridades se esconde y logra evadir la persecución haciendo correr el rumor de que habÃa muerto a consecuencia de
enfermedad repentina.
Ausente Juan Pablo del paÃs, asume la dirección del movimiento independentista que habÃa entrado en su última y más peligrosa
etapa. Desde su escondite dirige con serena actitud los preparativos del proyecto. Preside las reuniones del grupo y amplÃa contactos con
representantes del sector social más importante de la ciudad. Mella le presta efectiva y oportuna colaboración. Para los primeros dÃas
de enero de 1844, redacta Sánchez el Manifiesto de Independencia que será publicado con fecha del 16 de ese mes y, a petición de
Mella, es enviado a Tomás Bobadilla para su corrección.
Culminan en febrero los preparativos, y en reunión celebrada la noche del 24, en la que se toman las decisiones finales, el grupo de valientes
elige a Sánchez, Comandante de Armas con el rango de coronel, lo que constituyó un reconocimiento expreso a su jefatura polÃtica y
militar. A esa reunión asistieron además de Francisco del Rosario, Mella, Vicente Celestino Duarte (hermano de Juan Pablo), los
hermanos Puello y los de la Concha (Jacinto y Tomás), Juan Alejandro Acosta y otros. A proposición de algunos de sus compañeros
entre los cuales figuraron Félix Mercenario, Manuel MarÃa Valverde, Manuel Jiménez y Mariano EchavarrÃa, se convino que
Sánchez presidiera la Junta de Gobierno que debÃa dirigir los destinos de la naciente república. Es significativo señalar que los
proponentes y la totalidad de los que aceptaron, en términos sociales, tenÃan más categorÃa que Francisco del Rosario, pero eso no
les impedÃa reconocer las condiciones de liderato del joven conjurado.
Investido de esa autoridad, comparece la noche del 27 a la puerta de El Conde y encabeza todas las actividades. En la madrugada del 28
sus manos juveniles (apenas tiene 27 años), izan la bandera nacional al amparo del lema de ¡Dios, Patria y Libertad! En ese momento
inmortal, presidida por Francisco del Rosario Sánchez, quedó fundada la República Dominicana .
Una vez que la Independencia es proclamada, se reorganiza la Junta Central Gubernativa en la cual se imponen los representantes del sector
social más influyente; solamente Sánchez y Mella representan la lÃnea independentista. Tomás Bobadilla sustituye a Sánchez en la
presidencia, borra el decreto de exilio y ordena el regreso de Duarte al paÃs.
El 14 de marzo arriba Duarte al puerto del Ozama. Sánchez y Mella suben a bordo de la goleta a recibir al compañero y lÃder del
movimiento. Duarte se integra a la Junta y, nombrado General de Brigada, es destinado a Azua junto a Pedro Santana que hace dÃas funge
de general en jefe del naciente Ejército Libertador. Comienzan las contradicciones y los sucesos internos de Haità le dan un respiro a los
dominicanos.
Mella, actuando en el Cibao Central como jefe polÃtico y militar, recibe a Duarte y lo proclama Presidente de la República en una
decisión precipitada y emotiva. Se rompe el precario equilibrio que imperaba en el gobierno colegiado, en el cual los republicanos eran
minorÃa, y se produce un golpe de Estado que lleva a la presidencia a Francisco del Rosario Sánchez.
La Junta integrada por patriotas republicanos es desconocida por Pedro Santana quien regresa de Azua y toma la ciudad de Santo Domingo.
Reducidos a prisión, algunas voces proponen que sean fusilados. El 22 de agosto de 1844, apenas seis meses después de haber sido
fundada la República, sus auténticos gestores, encabezados por Duarte, Sánchez y Mella son declarados traidores a su propia obra
polÃtica y expulsados de por vida del territorio nacional. El 26 salen hacia Inglaterra Sánchez, Mella, Pina y otros. Duarte saldrá más
tarde, el 10 de septiembre, hacia Hamburgo. Comienza asà un largo calvario para los próceres de febrero. Duarte regresará, enfermo y
solitario, veinte años después.
La nave que lleva a Sánchez y Mella naufraga en las costas de Irlanda y los sobrevivientes, entre ellos los dos dominicanos, llegan a DublÃ
n. En diciembre de ese año se trasladan a territorio de los Estados Unidos y luego a Curazao. Permanecen cuatro años fuera del paÃs,
hasta que en septiembre de 1848, fuera Santana del poder, el Presidente Manuel Jiménez decreta una amnistÃa general que comprende
en primer lugar a Duarte, Sánchez y Mella, asà como a Pedro Alejandrino Pina y Juan Isidro Pérez. Sánchez regresa al paÃs el 8 de
noviembre y Jiménez lo nombra Comandante de Armas, o sea, jefe militar de la ciudad de Santo Domingo.
Comienza entonces la vida polÃtica partidista del prócer de febrero. En ella participará hasta el momento de su muerte ocupando
importantes posiciones en los gobiernos de Jiménez, Santana y Buenaventura Báez. Nombrado Fiscal ante el Tribunal de Apelación de
Santo Domingo, será quien llevará la acusación contra Antonio Duvergé en el primer juicio que le hizo Pedro Santana. Duvergé fue
absuelto. Se hará a partir de entonces Defensor Público y recibirá licencia de la Suprema Corte de Justicia para ejercer. Autodidacta,
aprenderá francés y latÃn. Adquirió apreciable cultura y sus defensas como abogado fueron notables. Desterrado en abril de 1855,
regresó al paÃs en agosto de 1856.
Los ideales independentistas de Sánchez se vieron tirados al suelo cuando Pedro Santana buscó con la anexión a España, la
protección economico-militar. Sánchez expresa su oposición a las gestiones de Santana. Reducido a prisión en agosto de 1859 es
desterrado de nuevo, por tercera vez, en septiembre de ese año. Se traslada a Saint Thomas y desde allà comienza, sin recursos
económicos, su lucha contra la traición y venta de la patria. Reclama la unidad de todos los dominicanos y viaja hacia Haità en busca de
ayuda del presidente Geffrard.
Geffrard vacila y, bajo presión española, ordena que Sánchez y otros dominicanos salgan de territorio haitiano, pero después, frente a
la evidencia de los hechos, autoriza su regreso y le promete a Sánchez ayuda. El 20 de enero de 1861, éste publica su manifiesto en el
cual afirma, frente a sus enemigos: Yo soy la bandera nacional . Dos dÃas después, el 22, se integra en Curazao bajo su dirección la
Junta Revolucionaria organizadora de la Revolución de la Regeneración Dominicana. .
Proclamada unilateralmente por Pedro Santana, la anexión a España el 18 de marzo, toman los acontecimientos un rumbo diferente. El 2
de mayo se produce en Moca el levantamiento de José Contreras, y el 1ero. de junio, en horas de la tarde, inicia Sánchez su invasión a
territorio dominicano. Traicionado y emboscado, fue hecho prisionero y juzgado por órdenes de Santana. Un tribunal sin autoridad legal o
militar, lo condenó a muerte junto a otros compañeros. En el juicio asumió la responsabilidad de todos los hechos y pidió clemencia
para sus subalternos.
Murió fusilado el 4 de julio de 1861 a las cuatro de la tarde, en el cementerio de San Juan de la Maguana. Fundador y prócer dos veces
de la República, con la entrega de su vida en el martirologio de San Juan, entró en la inmortalidad como ejemplo inigualable de nuestra
historia.
MATIAS RAMON MELLA
De las tres grandes figuras próceres del siglo 19, fundadores de la República, MatÃas Ramón Mella representa la expresión militante y
decidida y el más adaptado a las actividades polÃticas de una sociedad precapitalista.
MatÃas Ramón (que, por error, anteriormente se le llama Ramón MatÃas) nació el 25 de febrero de 1816 en la ciudad de Santo
Domingo, hijo de Antonio Mella y �lvarez y Francisca Castillo �lvarez. En Santo Domingo creció y vivió, adquiriendo para su
adolescencia y primera juventud fama de hombre de valor. Se le reputaba como muy diestro en el uso de la espada y el sable.
Como de otras figuras de la historia dominicana, poco sabemos de la vida de Mella en sus primeros tiempos. En 1835, a los diecinueve
años, es nombrado "Preposé", o encargado de la común de San Cristóbal. Al parecer allà se dedicó también al negocio del
corte de madera, actividad de la que se ocupaba Antonio Duvergé lo que supone que se conocieron desde entonces.
Contrajo matrimonio a los veinte años con la joven MarÃa Josefa Brea, perteneciente a una familia burguesa importante, aunque ninguno
de los dos aportó grandes bienes al matrimonio, según hace constar en el testamento fechado 5 de mayo de 1859. Fue ya casado, cuando
al parecer adquirió sus bienes y propiedades, parte de ellos por vÃa hereditaria tras el fallecimiento de su padre en febrero de 1837.
No se sabe tampoco cuando conoció a Juan Pablo Duarte pero, fundada la sociedad secreta "La Trinitaria", se adhirió a ella en calidad de
"comunicado", junto a Francisco del Rosario Sánchez y Félix MarÃa Del Monte. Duarte vio en Mella un discÃpulo de condiciones
excepcionales y lo designó para substituir a Juan Nepomuceno Ravelo cuando éste fracasó en las gestiones que le encomendara, de
llegar a un acuerdo con los dirigentes haitianos cuando se organizara el movimiento de la Reforma (paso previo para alcanzar la
independencia).
TodavÃa en 1842 residÃa o visitaba con frecuencia a San Cristóbal ligado al negocio del corte de madera. En enero de 1843 fue
comisionado por Duarte para trasladarse a la villa haitiana de Los Cayos de San Luis, al sur de la isla, para hacer contactos con los
revolucionarios reformistas adversarios del presidente Boyer. La táctica correcta de Duarte de aliarse con los enemigos de Boyer,
encontró en Mella un agente capaz de sumar a los militares y civiles que encabezados por Charles Herard, querÃan el derrocamiento del
presidente de la república que tenÃa más de veinticinco años gobernando, y cuyo mandato se habÃa convertido en una represiva
dictadura, situación que facilitaba los planes de Duarte frente al régimen.
A su regreso de Los Cayos, luego del derrocamiento de Boyer, Mella se trasladó al Cibao Central como agente propagador del ideal
republicano. Cuando Charles Herard, como Presidente de la República, visitó la parte oriental, a su paso por esa región ordenó la
prisión de Mella, Rafael Servando RodrÃguez y el sacerdote Juan Puigbert, acusándolos de querer destruir el ejército y los remitió a
Puerto PrÃncipe donde permanecieron dos meses detenidos, regresando en septiembre a la parte oriental.
Los sucesos se precipitaron y, en ausencia de Duarte, junto a Sánchez, activaron los preparativos revolucionarios. En enero de 1844
ayudó a Sánchez, jefe del Movimiento, a redactar el Acta de Independencia y, a sugerencia suya, se le llevó a Tomás Bobadilla para su
revisión.
En la noche del 27 de febrero de 1844 es de los primeros conjurados en llegar a la Puerta de la Misericordia. Exhorta a unos pocos
temerosos a no abandonar el lugar y, audaz e impulsivo, Mella dispara su famoso trabucazo en la Puerta de la Misericordia, partiendo desde
allà los conjurados hacia la Puerta del Conde, donde es proclamada la República e izada la Bandera Dominicana.
Proclamada la República, forma parte de su primera Junta Central Gubernativa, presidida primero por Sánchez y luego por Tomás
Bobadilla, convertido en la figura determinante de la misma. Para los primeros dÃas de marzo parte para el Cibao como Gobernador del
Distrito de Santiago y Delegado de la Junta Central Gubernativa, pero en realidad es el jefe polÃtico y militar de la región más importante
del paÃs. Ostenta el rango de Coronel del naciente Ejército Nacional, que será el Ejército Libertador. Hace venir a José MarÃa
Imbert, de Moca, y lo nombra su segundo en el mando militar.
A mediados de marzo llega a territorio dominicano el señor Teodoro S. Heneken, procedente de Cabo Haitiano, y advierte a las
autoridades las intenciones de invasión por parte de HaitÃ. Solamente Mella es receptivo a los informes del viajero. Deja instrucciones a
Imbert de lo que debe hacer y recorre la región reclutando hombres y tomando posiciones que revelan su gran capacidad militar
organizativa. Cuando comienza la batalla de Santiago, Mella no se encuentra en el lugar del combate, aunque parte importante de los
méritos son suyos porque dispuso las primeras instrucciones y escogió a Imbert como lugarteniente..
Los acontecimientos tomaron un giro diferente después de la victoria de Azua el 19 de marzo. Duarte se presentó en el Cibao y Mella,
entusiasmado e impulsivo, lo proclamó Presidente de la República. Esa acción rompió el equilibrio de las fuerzas que dirigÃan la joven
república y terminó imponiéndose el sector social más atrasado, encabezado por Pedro Santana y Tomás Bobadilla. Los
auténticos héroes nacionales son declarados traidores a la patria y expulsados de por vida del territorio nacional. Volvió, junto con
Sánchez, al paÃs en 1848 amparado por la amnistÃa decretada por el Presidente Manuel Jiménez.
Cuando Faustino Soulouque invade el paÃs, Mella se incorporó al Ejército, destacándose en la famosa Batalla de Las Carreras y
termina siendo secretario de Pedro Santana. Luego de la renuncia del Presidente Jiménez, electo Báez Presidente de la República, en
septiembre de 1849, es nombrado Secretario de Estado de Hacienda y Comercio. Separados y enemigos Santana y Báez, Mella seguirá
al lado del primero. Siempre lo prefirió al segundo, hasta que la causa de la anexión a España los enemistó para siempre. Entre 1849 y
1861, en enero, cuando rechaza frente a Santana el proyecto de anexión, ocupará Mella importantes cargos civiles y militares.
Comandante de Armas, Ministro de la Guerra, Gobernador, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario en Misión Especial frente al
Gobierno español, para gestionar el reconocimiento de la República o del Protectorado. En julio de 1856 se le encomendó preparar un
proyecto de ley para organizar el Ejército. Ya se le tenÃa y respetaba como un entendido en asuntos militares.
Y lo demuestra cuando se inicia la Guerra Restauradora. Incorporado al Movimiento, en agosto de 1863, se le confiaron importantes
misiones. Viajó al sur atravesando la Cordillera Central por Constanza, con el encargo de organizar las tropas restauradoras dirigidas por
Pedro Florentino. Es designado Ministro de la Guerra y elabora el Manual de Guerra de Guerrillas que dirige por medio de una circular de
fecha 26 de enero de 1864 y que recoge toda la experiencia del pueblo dominicano en esta forma singular de lucha.
El general Mella, mientras rendÃa sus útiles servicios a la causa, fue atacado de disenterÃa y exhaló el último aliento en extrema
pobreza el 4 de junio de 1864. VivÃa entonces en una mala casita, de las improvisadas después del incendio, sita al pie del fuerte San
Luis, en Santiago de los Caballeros. Murió con la singular distinción de ser dos veces prócer de la República. Pidió que lo enterraran
envuelto en la Bandera Nacional y, asà se hizo.
GREGORIO LUPERON
Restaurador y patriota nativo de Puerto Plata. Nació en el año de 1839. Hijo de Nicolasa Luperón una inmigrante de color inglesa,
dueña de un ventorrillo y para quién de niño, tuvo que vender piñonate en una bandeja por las calles, para ayudar al sostenimiento
del hogar.
Aprendió primero el inglés, lengua que se hablaba en su casa, que el español. Cuando apenas tenÃa catorce años, mostraba una
fuerza de carácter y una dedicación al trabajo de hombre hecho y derecho, lo que hizo que Pedro Eduardo Dubocq, comerciante
establecido en Puerto Plata, lo encargara de dirigir los trabajos de cortes de madera que tenÃa en Jamao. Desempeñó este trabajo a
cabalidad, aprovechando además la biblioteca existente en la casa de campo que el señor Dubocq poseÃa en el lugar,para cultivar su
espiritu.
Teniendo solamente vientidos años cuando se produce la anexión, el joven Luperón siente en lo más Ãntimo de su ser, la rebeldÃa
contra el nuevo estado de cosas y, solo, castiga a los malos dominicanos que se atreven, en su presencia, a menospreciar lo dominicano.
Habiéndole dado una paliza a uno de éstos, fue hecho preso pero escapó de la cárcel, buscando refugio en Haità desde donde se
trasladó a los Estados Unidos. Poco tiempo después regresó clandestinamente por Monte Cristi, tomando parte en el levantamiento de
Sabaneta en 1863.
Derrotados los insurrectos, se retiró a las montañas y desde ellas buscó refugio en La Vega, fomentando clandes?tinamente la rebelión,
hasta que, después del Grito de Capotillo se uniera al sitio de Santiago, dándosele la jefatura de un Cantón y poco después el rango
de General. Hombre de un "valor fabuloso" como fue calificado siempre, descolló de inmediato de entre sus compañeros, por su acen?
drado patriotismo y por su combatividad iniciativa en la acción. Reco?nocidos sus méritos por el Gobierno de Santiago, se le designó
Jefe Superior de Operaciones en la Provincia de Santo Domingo, donde debÃa enfrentar al grueso del ejército español, comandado
por Pedro Santana.
Las grandes dotes de guerrero de Luperón fueron puestas de manifiesto en la campaña que llevó a cabo contra el poderoso y
disciplinado ejército español, puesto que en inferioridad de hombres, de armas y de medios, supo desarrollar una guerra de guerrillas
que desgastó a la poderosa fuerza española.
Independiente en la forma de llevar la guerra se malquistó con sus superiores por lo que se le relevó del mando. Regresó a Santiago,
dondé aceptó el cargo de Vicepresidente de la Junta Gubernativa. Restaurada la República regresa a su pueblo rodeado de la admira?
ción y el cariño del pueblo dominicano que reconoce en él, al más Ãirme paladÃn de los ideales patrios. Desde allà se opone al
regreso al poder de Báez y es expulsado del paÃs, pero a los pocos meses está nuevamente de regreso integrando el movimento
llamado del Triunvirato que en poco tiempo derroca a Báez y se hace gobierno.
Disuelto el Triunvirato en 1866 en favor de la constitucionalidad, asume la Presidencia de la República el General José MarÃa Cabral.
Derrocado el gobierno de Cabral en 1868, Luperón se ve obligado a salir de la República, desde donde despliega una intensa campaña
de oposición a las pretensiones anexionistas de Báez y logra preparar una expedición, llamada del Telégrafo, por el nombre del barco
que se utilizó para la misma.
Fracasada la expedición revolucionaria por la intervención de los Estados Unidas, tuvo que alejarse de las costas dominicanas. Sin
embargo, ante la inminencia de la posible anexión a los Estados Unidos, Luperón no desmaya en su lucha contra Báez y los anexionistas,
recabando el apoyo de la opinión pública latinoamericana y enviando protesta tras protesta al Senado de los Estados Unidos.
Expulsado Báez del poder por la Revolución Unionista en 1873, pudo Luperón retirarse a Puerto Plata, aunque manteniéndose
siempre alerta, para defender la integridad de la República y la libertad ciudadana. Al ascender al poder Ulises Espaillat, Luperón accede
a desempeñar el cargo de Ministro de Guerra y Marina por entender que debÃa cooperar con un gobierno respetuoso de los derechos
ciudadanos, presidido por un pa?triota esclarecido como Don Ulises
Espaillat. A pesar del decidido apoyo de Luperón, el Presidente Espaillat se vio obligado a renunciar.
Nuevamente exilado, Luperón debe esperar más de dos años, que sus antiguos enemigos González y Báez se alternen en el poder
para regresar nuevamente a la patria.
Al ser derrocado el gobierno de Césareo Guillermo, se establece un gobierno Provisional presidido por Luperón, con sede en Puerto
Plata, que, durante los catorce meses de su ejercicio, trajo la paz, la libertad y el progreso al pueblo dominicano, llevando al paÃs a unas
elecciones limpias en 1880 en que fue electo Presidente de la República el PresbÃtero Fer?nando Arturo de Meriño, respaldado por
Luperón, que más tarde se retiró a Europa siendo designado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario. Regresado al paÃs es
nombrado Delegado del Gobierno en el Cibao durante el régimen de
Francisco Gregorio Billini y asà al renunciar éste en 1885, se encuentra del lado del Vicepresidente Alejandro Woss y Gil.
Al estallar la revolución en 1886, desde su cargo Luperón se enfrenta a ésta en Puerto Plata contribuyendo al triunfo de Ulises Hereaux
y la ascensión de este a la Presidencia en 1887.
Arrepentido, tempranamente, al darse cuenta del carácter y las inten?ciones dictatoriales de LilÃs, se va al exterior a combatirlo, pero no
pudo realizar una campaña efectiva, por la falta de apoyo del Gobierno Haitiano.
Enfermó de gravedad en Saint Thomas y fue buscado por el mismo Ulises Hereaux, muriendo en su pueblo natal el 21 de mayo de 1897.
Heroes de la Restauracion
Santiago RodrÃguez
Independentista y restaurador. Nació en 1809, hijo de Vicente RodrÃguez y Josefina Massagó. Aunque nativo de la lÃnea Noroeste, se
crió en Santiago. Hombre de ideales nacionalistas, se inició en el uso de las armas durante la guerra de la independencia, en la cual
alcanzó el grado de coronel. Al producirse la Anexión de la República, desempeñaba el cargo de alcalde Constitucional de Sabaneta.
Continuó en el desempeño de este cargo pero no aceptó el nuevo estados de las cosas.
Se dedicó a organizar un movimiento insurreccional que abarcó todo el norte del paÃs. Precipitados los planes insurreccionales, el
general Epifanio de Peña se vio precisado a levantarse en armas en la Plaza de GuayubÃn el 21 de febrero de 1863. Fue secundado por
Santiago RodrÃguez, quien se pronunció en la Plaza de Sabaneta. La revolución fue sofocada por las tropas españolas al
mando del gral. José HungrÃa. Santiago RodrÃguez, habiendo rehusado aceptar las garantÃas que le fueron ofrecidas a él y a sus
compañeros por las autoridades españolas, se refugió en HaitÃ, en el sitio denominado Juana Méndez, desde donde continuó
luchando por la causa restauradora. Regresó al paÃs y el 16 de agosto de 1863 se encontraba en el cerro de Capotillo junto a José
Cabrera, Benito Monción y otros nobles restauradores. Junto a Cabrera, marchó ese dÃa a Sabaneta y ocuparon esta población.
Debido a su estado de salud, RodrÃguez no pudo proseguir la lucha y la dejó en manos de Monción, Pimentel y Polanco. RodrÃguez
ejerció cargos polÃticos.
Murió en 1879.
Gregorio Luperón
Restaurador y polÃtico. Nació en Puerto Plata, el 8 de septiembre de 1839. Sus padres fueron Pedro Castellanos y Nicolasa Luperón.
Correspondió a la madre atender a su infancia y a la de sus otros hijos. Lo logró gracias a un pequeño comercio (ventorrillo). En la
adolescencia, Luperón recibió enseñanza primaria de un maestro de nacionalidad inglesa, y Pedro E. Dubocq -dueño de una
importante hacienda casi consagrada al corte de madera preciosas- le brindó trabajo. El señor Dubocq se dio cuenta del potencial de
Luperón y le permitió utilizar su biblioteca y lo encargo de dirigir -a sus catorce años de edad- en la zona de Jamao que formaba parte
de su hacienda, la tarea del corte de maderas.
Las circunstancias históricas le abrieron las puertas para enriquecerse y destacarse. Cuando se produjo la Anexió a España, fue uno de
los primeros en enfrentarse a la nueva y ominosa realidad en Puerto Plata. Perseguido por las autoridades, partió hacia HaitÃ, desde
donde siguió viaje hasta los Estados Unidos. Pero al poco tiempo regresó clandestinamente para tomar parte en el pronunciamiento de
Sabaneta, en febrero de 1863. El fracaso de este estallido insurreccional no lo amilanó. Se dirigió a la Vega donde enardeció los
ánimos de muchos -desde el escondite donde se encontraba- disponiéndolos hacia la rebelión. Luego, al producirse la hazaña de
Capotillo y sitiar las fuerzas insurrectas a Santiago, se incorporó a éstas que lo nombraron jefe de un cantón.
Se le nombró jefe superior de Operaciones de la zona de Santo Domingo, cayéndole asà la responsabilidad de enfrentarse a las bien
armadas y disciplinadas fuerzas españolas, al mando del gral Santana, a quien derrotó, aún con un ejercitó menor. De ahà en
adelante se vio envuelto en diversas situaciones polÃticas
Autor de varias obras, murió a causa de una enfermedad el 21 de mayo de 1897. Mostró su valentÃa al reprocharle en la cara las cosas
que mal hacÃa el tirano Ulises Heureaux, quien fuese a buscarlo a Saint Thomas antes de su muerte, y contra quien Luperón habÃa
librado batallas para derrocarlo.
Pedro A. Pimentel
Militar y Restaurador. Hijo de Jacinto Pimentel y de Juana Camorro.
Luperón lo define como un hombre "rebelde a la disciplina, perezoso al gabinete, pero audaz y previsor en la guerra". Su vida pública se
inicia con una valiente participación en Capotillo. Era ganadero y poseÃa una importante fortuna. Ocupó diversos puestos en la vida
pública, desde múltiples funciones militares hasta Presidente de la República. Fue preso en 1863, junto a Lucas Evangelista y otros al
fracasar el primer intento revolucionario contra la Anexión a España. Se escapó de la cárcel y se refugió en HaitÃ. Al producirse "el
Grito de Capotillo" se integró decididamente a las luchas restauradoras participando en forma destacada en las principales acciones
bélicas.
Participó en los derrocamientos de muchos Presidentes, asà como en las expediciones contra el régimen de Báez. Ya antes se habÃa
ido del paÃs con Luperón a Saint Thomas.
Murió enfermo y sin dinero en Quartier Movin, HaitÃ, en 1874. Manuel ObjÃo opina que Pimentel podrÃa ser definido como "un
hombre franco y violento". Luperón llegó a estimarlo mucho y a raÃz de su muerte escribió un artÃculo de periódico donde lo
definió como un prócer.
Gaspar Polanco
Militar y polÃtico. Nació en 1816. Hijo de dos campesinos, ValentÃn Polanco y Martina de Borbón. No asistió a las escuela en su
niñez. Jamás aprendió a leer y escribir.
En la guerra de la independencia, comandó, con el rango de coronel, tropas de zonas rurales. Se destacó en las campañas militares de la
LÃnea Noroeste. En 1858, ocupaba ya la jefatura militar de la Sección de La Peñuela. Por la misma época fue ascendido a general
de brigada. Al ocurrir la anexión, pasó a formar parte de las Reservas Militares.
Con los primeros levantamientos revolucionarios en pro de la Restauración, en febrero de 1863, estuvo entre los jefes que se apersonaron
al lugar de los acontecimientos a sofocar los desórdenes. En agosto de 1863, al comenzar la revolución, fue el primer y más importante
jefe militar que pasó a las filas patriotas. Su adhesión a las filas revolucionarias ocurrió en el momento en que Buceta era perseguido
camino a Santiago.
El 31 de agosto de 1863, levantó el Cantón General de Quinigua y se dirigió a la toma de Santiago. En Guarubito venció a HungrÃa,
Alfau y Buceta. Libró otras batallas importantes para la gesta restauradora
Derrocó a Salcedo de la Presidencia, tomando posesión del cargo. Salcedo fue fusilado. Luego Polanco tuvo que renunciar, y fue
procesado por el fusilamiento de Salcedo. Logró salvar su vida escapando de la cárcel. Un consejo de guerra tomó en consideración su
condición de analfabeto y lo descargó de esa acusación.
Pero Pimentel insistió en perseguirlo durante su gobierno, por lo que se alzó en las lomas. Se ocultó esperando la caÃda del régimen
de Pimentel.
Luego de restaurada la República, participó en varios movimientos revolucionarios, como todos los de su época, para una simple
sustitución de Gobierno. En una acción armada, en defensa del gobierno del gral. Cabral fue herido en un pie. Trasladado a la ciudad de
La Vega, murió aquejado de tétanos, producto de la herida recibida.
Tomado de la Enciclopedia Dominicana
A. C. E. D. A. Energy Creates Action and Develops Abilities
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