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Un error conceptual muy generalizado y tiene que ver con todos los preconceptos existentes en relación a la edad, el
envejecimiento, la menopausia femenina y la andropausia masculina. Está muy extendida la idea de que las personas de
edad, no tienen vida sexual. Son muy pocos los que se atreven a expresar pensamientos o fantasías en relación a la
vida sexual de sus respectivos padres. Un altísimo porcentaje de jóvenes, piensa que si alguna actividad sexual tienen
sus padres, -entre los 50 y los 75 años- es de no más de una o dos veces al año. Los jóvenes piensan que el
hombre o la mujer de edad avanzada, aborrecen el cuerpo envejecido del compañero o compañera y por lo tanto,
evitan el contacto físico con el otro. Es más. Cualquier tipo de actividad simple o compleja de las personas añosas -
caricias, besos, abrazos- es observada con desconfianza y calificada con dureza: perversidad, lujuria, desvíos, etc. El
pensamiento que predomina, es: los viejos deberían vivir en un "vacío sexual". "Deben comportarse según la edad
que tienen". "El sexo, es para la juventud" Las personas de edad, inclusive, encuentran muchísimas dificultades en
consultar a profesionales de las ciencias médicas, porque en general, se carece de formación en áreas de la
sexualidad y mucho más, en sexualidad de la gente mayor. Los profesionales reaccionan con estupor y una dosis nada
pequeña de ansiedad, frente a preguntas o consultas referidas a la sexualidad en éstas edades.

Al entrar lentamente en éstas etapas, la gente mayor se encuentra totalmente despreparada, y no encuentra contención
alguna respecto de consultas por la sexualidad, en un momento que la declinación física lógica, lleva a consumir
medicamentos o tomar actitudes que muchas veces, lesionan la vida sexual, independientemente de la edad. Hay en esta
etapa de la vida, una inactividad propia de los momentos de reposo: los nietos ya no frecuentan el hogar, los hijos llevan
vidas independientes y muy ocupadas, uno o los dos miembros del matrimonio han debido jubilarse, etc. A partir de esta
inactividad forzada y la indiferencia de la sociedad (prejuicios sostenidos hacia la gente mayor), se desarrollan importantes
problemas donde la soledad y la tristeza predominan, desarrollándose conceptos donde "ser viejo" es vergonzoso,
siendo la palabra "viejo", una palabra denigrante y despectiva.

Pero...¿Cuándo se comienza a ser viejo? El concepto cronológico de los números de años, es el más usado; sin
embargo, el envejecimiento es un concepto que incluye un proceso gradual, muy lejos de ser brusco. Es una secuencia que
se extiende toda una vida, con cambios y modificaciones imperceptibles y sutiles, en la inmensa mayoría de los casos. El
abandono de la actividad sexual, es un hecho claramente individual, que depende en forma fundamental, de la historia de
vida desarrollada por el individuo y su vigor personal, su estado de salud, la cantidad de medicamentos que consume, su
estado de integridad arterial y demás factores que influyen en todo lo referido a su vida sexual. La disminución del vigor
en el anciano, conjuntamente con la disminución de su nivel social y profesional, dañan con frecuencia su aparato psí
quico previamente sano y bien valorizado. Comienza a sentirse viejo, a veces mucho antes de la verdadera senectud, lo
que provoca descensos significativos fisiológicos en su cuerpo y en su mente.

Precisamente, un buena vida sexual, no sólo en frecuencia, sino en intercambio de señales de cariño y de ternura,
proporcionan bienestar y elevación de la autoestima, cuya consecuencia más importante, es la sensación de seguridad
y contención. Para mucha gente, la vida sexual no ha sido un hecho importante, por lo tanto, la llegada de la vejez,
proporciona una excusa válida y muy conveniente, para abandonar una actividad que siempre fue, la mayoría de las
veces, fuente de preocupación y ansiedad. Para estas personas, la creencia de la inactividad sexual en éstas edades, es
una profecía que se cumple inexorablemente. Si se presentan deseos sexuales, el hombre y la mujer de edad avanzada,
se encarga de eliminarlos, negarlos, extinguirlos. Nunca admitirlos.

Cada edad tiene riquezas que ofrecernos y vivir plenamente significa saber apreciarlas y disfrutarlas. Quienes viven mal la
sexualidad en su etapa de la madurez son aquellas personas que se han quedado limitadas a un modelo juvenil o incluso
adolescente de las relaciones amorosas y sexuales.

Otra cosa es conocerse, gustarse porque se sabe todo del otro, haber profundizado en todos los aspectos y posibilidades
del encanto amoroso. La sexualidad en la madurez ofrece a las parejas experimentadas esta riqueza. Se conocen hasta en
los detalles más mínimos, cada uno tiene una experiencia completa del cuerpo del otro, sabe exactamente cómo darle
placer. Basta con un gesto, una mirada, una sonrisa para desencadenar la magia que lleva a alcanzar el máximo gozo.

Si se deja que hablen los cuerpos, el sexo maduro da respuestas extraordinarias en intensidad y satisfacción. Todo está
permitido, todo es posible. Ahora más que nunca.

Vivimos en una sociedad que ignora o incluso reprueba la faceta sexual de los mayores. Muchos ancianos aceptan esa
norma no escrita del rechazo del amor y el sexo, escondiendo sus sentimientos sexuales y sus deseos a medida que
envejecen.


¿PUEDO SEGUIR MANTENIENDO RELACIONES SEXUALES?
El envejecimiento no lleva por sí mismo al cese de la actividad sexual. Más bien ocurre que diferentes problemas
médicos, psicológicos o sociales interfieren con la expresión normal de la sexualidad.

Los sentimientos, los deseos y las actividades sexuales están presentes a lo largo de todo el ciclo vital. Las relaciones í
ntimas humanas afirman la propia vida y son válidas a lo largo de toda la existencia, incluyendo la ancianidad.

Disfrutando de una buena salud y de una pareja con la que desee compartir sus momentos íntimos, los ancianos pueden
retener tanto el deseo como la capacidad de hacer el amor, cada uno con sus peculiaridades, hasta el final de sus días, si
es que así lo desean.

Cuando un anciano ha mantenido una relación sexual satisfactoria en su vida adulta hay menos probabilidades de que los
cambios asociados al envejecimiento le afecten.

¿PERO QUÉ ME PASA? NO SOY EL MISMO QUE HACE AÑOS?:
Evidentemente no. Con el paso de los años se van produciendo una serie de cambios en nuestro cuerpo que es
importante que conozcamos.

En los hombres la erección se hace mucho más lenta, disminuyendo también el número de erecciones nocturnas
involuntarias. Después de la eyaculación, una vez desaparecida la erección pueden pasar días antes de que sea
posible obtener otra erección completa. La eyaculación se retrasa por lo que se reduce la posibilidad de eyaculación
precoz.
En las mujeres la vagina se hace más corta y menos elástica y la mucosa más delgada y frágil, disminuye la
capacidad de lubricación, haciendo que el coito pueda ser más doloroso, incluso produciéndose sangrado, y que
aumente el riesgo de infecciones vaginales. Es menos frecuente alcanzar el orgasmo.

Pero también es cierto que todos estos cambios llegan a una edad en que la situación personal, social y afectiva de la
mayoría de las personas se ha consolidado. En esta situación, y con el soporte de la madurez de las experiencias
vividas, es posible lograr una adaptación más rica a estas modificaciones de nuestro cuerpo. El premio es la capacidad
de obtener una creciente satisfacción en las relaciones íntimas.

EL AMBIENTE EN EL QUE VIVO NO ME AYUDA:
Vivimos en una sociedad que sobrevalora las ideas de Juventud, Vigor y Belleza; una sociedad que no es capaz de
descubrir la belleza y la alegría de la madurez. En este ambiente algunas personas pueden llegar a avergonzarse de
experimentar o sentir deseo sexual o de mostrar su propio cuerpo. Pero los mayores que tienen una percepción positiva
de su cuerpo y de su pareja es más fácil que mantengan relaciones sexuales satisfactorias que aquellos que no las tienen.

El acceso a una pareja se va dificultando. Debido a la mayor longevidad de la población es cada vez más probable que
nuestros ancianos se casen con parejas sexualmente incapaces; sobre todo las ancianas, que normalmente se vuelven a
casar con ancianos de mayor edad, sin embargo en los ancianos no es tan raro el matrimonio con mujeres mucho más
jóvenes.

No es fácil que el anciano tenga acceso a un ambiente adecuado de intimidad, sobre todo si viven con sus hijos o en
Residencias geriátricas.
Sexo y Edad

Fuente: www.sexologia.net
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