Eramis Cruz


No se quien lo dijo, pero uno no puede más que estar de acuerdo con
la expresión que afirma que existen tres clases de personas en la
sociedad: las que hacen que las cosas pasen, las que las miran pasar y
aquellas que ni siquiera se dan cuenta.  Esto lo digo a propósito de que
los medios de mayor audiencia y circulación publicaron recientemente
que Estados Unidos había batido un record mundial el país con más
ciudadanos tras las rejas, y ese hecho no provocó mayores reacciones.  
Ya sabemos que este país bate muchos records en la competencia
mundial, tantos que a veces uno se queda con la impresión de que entre
las fuerzas imperiales, Estados Unidos se ha quedado solo después de
la caída de la Unión Soviética y la Torre de Berlín.  Pero no todos las
cosas son como se ven, en toda sociedad el sistema sigue una dialéctica
que encierra sus propias contradicciones.

Estados Unidos es conocido por muchos como el país de los sueños y
todo sabemos que esa es una verdad relativa, porque no todo el que
vive en este país disfruta sueño alguno, por el contrario, hay muchos
para quienes la vida es una pesadilla.  Nos referimos a los seres
humanos que por diversas razones se encuentran bajo las rejas por
haber cometido crimines desde la óptica de una sociedad regida por la
ambición material y la explotación de la fuerza de trabajo.

No hay duda de que existen estudios y trabajos serios sobre el sistema
carcelario actual, pero ninguno ha merecido la atención suficiente para
provocar un cambio en la manera de concebir las causas de la
criminalidad.  Provocar que bajen las cifras criminales en las grandes
ciudades encerrando gente tras las rejas, no es la manera ideal de
combatir el mal.  No hay duda de que sería más beneficioso un
programa preventivo, que es meno costosa y más eficiente debido a los
múltiples beneficios que se derivan de su ejecución porque sería más
general y llegaría a un sector más amplio de sociedad.

Estados Unidos cuenta actualmente con la mayor población carcelaria
del planeta.  Según la Oficina de Estadísticas Judiciales los presos
superaron los 2.1 millones de personas del año 2004. El reporte se
publicó también en el Diario la Prensa del martes 26 de abril del 2005.  
Según la DC/AFP (un reporte de Maxim Kniazov), uno de cada 138
habitantes de Estados Unidos está en la cárcel, una cifra alarmante.  
Pero las estadísticas no siempre presentan las causas y los efectos de
los números al menos que analicen y se confronten factores e
indicadores específicos, muy especialmente en una población
racialmente dividida como la norteamericana, recuérdese las luchas por
los derechos civiles de los 60s.  En el mismo reporte dice Paige
Harrison, una experta en estadística del Departamento de Justicia que
“las cifras son coherentes con las de los últimos años”, en otras
palabras, las administraciones de los últimos años han seguido
implementando una política carcelaria similar, que obedece al principio
de “el que la hace la paga”, con el que estamos con la excepción de que
existe una gran discriminación general por una falta de visión, o por
ingerencia de la cúspide privilegiada  que insiste en mantener un sistema
excluyente contra las minorías de Estados Unidos.

El estudio reporta que existen 726 presos por cada cien mil habitantes,
el año anterior había sido de 716.  Estados Unidos superó a Rusia,
China y a una lista de otros paises que no pregonan contar con un
sistema democrático como anda cacareando la servidora de George W.
Bush, Condoleezza Rice.  Tiene sentido que las prisiones federales, que
albergan a quienes violan las leyes contra las drogas, registraran un
aumento de un 6.3% lo que demuestra con evidencia clara que Estados
Unidos sigue siendo el mayor consumidor de drogas del mundo,
especialmente porque se paga en dólares y se garantiza el lavado de
esos dólares a los traficantes de cuellos blancos.

También la población carcelaria de las mujeres creció en un 2.9%, lo
que quiere decir que la participación de las mujeres en el área de la
criminalidad va en aumento, incluyendo aquellas que comenten delitos
relacionados con el trafico y el consumo de drogas. Pero quienes han
quedado en peor posición en el reporte del Departamento de Justicia,
son los afroamericanos, seguidos de los hispanos y otras minorías.

Naturalmente que ese es un fenómeno que no sorprende aquellos que
hacen algo más que ver las cosas pasar por televisión.  Pero que un
12.6% de los hombres negros en la edad de 25 y 30 años de este país
vivan detrás de las rejas, es simplemente alarmante, porque es una edad
productiva que debería beneficiar el porvenir del país.  El porcentaje de
los hispanos es de un 3.6%, pero el de los blancos, que es la población
mayoritaria es de 1.7%.  Y como ha de suponerse la cantidad de
extranjeros en las cárceles aumentó al ritmo del auge de la globalización,
o sea que hubo un aumento de 1.4% lo que arroja 91,789 encarcelados.
De manera que ahora sabemos porque existe una disminución de los
delitos callejeros, incluyendo los crimines violentos, así lo reporta el
FBI, hay más criminales encerrados, pero sin embargo la población
carcelaria sigue en aumento, un fenómeno que no compagina con la
otro.  Nadie esta de acuerdo con crimines impunes, pero es criticable
que no existan perspectivas para dar un giro a la concepción tradicional
de la justicia.  Es imperativo implementar políticas inmediatas con
proyecciones a largo plazo para que el país no siga calificando como un
país prisionero.

Existen necesidades de cambios profundos en los Estados Unidos y en
aquellos paises que siguen un patrón similar.  El Estado es quien carga
con la mayor responsabilidad porque es el encargado de manejar el
complejo sistema judicial y policial, pero debido a los intereses
involucrados y la metodología excluyente y represivas contra las
poblaciones trabajadoras, las transformaciones de importancia no se
harán sin la presión de la ciudadanía consciente.
Si es cierto que se han superado las etapas de los castigos corporales,
no es menos cierto que los castigos psicológicos hacen igual daño en la
vida del ser humano, y también deben superarse con una disminución de
los encarcelados a través de programas preventivos de delito.  Las
estadísticas del Departamento de Justicia de los Estados Unidos contó
los presidiarios, pero puede resultar más difícil contar las heridas que
deja cada hombre encarcelado en la moral de los hijos, y el resto de la
familia.  De manera que el problema trasciende a un asunto social de
envergadura, especialmente si se observa que el periodo carcelario no
termina que la liberación del preso, esas huellas no desaparecen por
completo, especialmente cuando el reo no sale con una reinvocación de
si mismo, lo que hace más posible su vuelta a las rejas por reincidencia.

Existe un círculo del sistema carcelario que envuelve en primer plano a
la policía que supuestamente previene, investiga y detiene al sospecho
de un delito, entonces entra el fiscal que dirige la investigación y reúne
las pruebas para hacer la acusación, en  un tercer plano tenemos el juez
que dicta sentencia imponiendo las castigo según el código penal, y
finalmente entra el servicio penitenciario.  De manera que se sigue un
circulo vicioso que no profundiza en las causas de los problemas por
carecer de una estructura que establezca sus relaciones con otros
mecanismos del estado en los que se gastan recursos y material humano.

Aquí podemos señalar el sistema educativo, que está supuesto a ser el
primer eslabón para la formación integral del individuó, en su condición
de persona, no como un receptor de principios y habilidades útiles a las
empresas manejadas por la elite de la sociedad.  El sistema educativo
está supuesto a funcionar para solucionar los graves problemas que
afectan a los grupos humanos componente de la comunidad.  De
manera que si la sociedad afro-americana y la latina confrontan un auge
criminal de proporción alarmante, hay que dirigir los recursos a las
instituciones con mayor incidencia en el aspecto del comportamiento, y
según las raíces específicas que original tal situación.

Lo que queda en evidencia con los resultados del estudio es que la
política carcelaria está dirigida específicamente hacia los sectores con
mayores incidencias criminales por las condiciones de marginación
económica y cultural en que viven. Las clases en control de la política
del Estado se resisten a admitir que existe una relación entre el crimen y
nivel de pobreza y marginación cultural que tiene directamente que ver
con la desigualdad en la distribución de las riquezas en sus diferentes
manifestaciones, recursos humanos, económicos y materiales.
Estados Unidos un  país de prisioneros
Rompe record mundial
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