El capital de la ciudad del mundo
¡Cuanto costó un día trágico de 1911en New York!
Por Eramis Cruz
Continuacion                        Page 2
Mientras el material inflamable alimentaba las
llamas infernales fueron infructiferos los
intentos por comunicar el estado de
emergencia a los otros dos pisos superiores.  
Algunos lograron salir por la escalera, pero esa
avenida fue obstruida por el siniestro con
rapidez.  Solo habia una pequena escalera de
escape en el interior del la estructura que
permitia a algunos salir, pero en minutos
colapso a causa del peso de los
desesperados.  Entonces las mujeres
aterrorizadas optaron mirar hacia abajo por los
huecos de las ventanas, a unos cien pies de
altura.  Sin otra alternativa, y a pesar de que el
publico reunido en la calle consternado gritaba
que no lo hicieran, las muchachas comenzaron
a lanzarse al vacio antes los ojos de la gente
acongojada, unas con los vestidos encendidos
por las llamas, otras desorientadas por la
sofocacion del humo o empujadas por las
victimas detras de ellas, reclamando un turno
hacia la muerte.  Una lluvia de cuerpos vivos
con sus cabellos y ropas en llama se estrellaba
contra las aceras y el pavimento de la calle,
otros cuerpos cayeron desintegrados por los
cristales de proteccion instalados alla abajo.  
Los cuerpos de las mujeres impactaban contra
la dureza del pavimento y la vida terminaba de
escaparse invisible al caer impavidos en la
oscuridad abismal de lo desconocido.

Los dos jefe de la compania, Isaac Harris y  
Max Blanck, escaparon con tiempo usando la
azotea del edificio, no considerado por las
operarias acostumbradas a usar los
elevadores, ¿que valia esa gente para los dos
magnates que le exprimia su energia y le
oprimian su moral?

Una vez mas la historia del pais de los suenos
escribia un capitulo ensangrentado. Eran otras
victimas de las ansias capitalistas por
acumular dinero, de la negligencia y la
indiferencia por la vida humana de quien vende
su fuerza como su unico medio de subsistencia.
El trabajo de los bomberos fue de poca
efectividad por varias razones, a su llegada a
la zona del desastre ya eran tantos los cuerpos
inertes en las aceras y el pavimento que
dificultaron su labor, sus escaleras no
alcanzaban el octavo piso ni la presion de sus
mangueras alcazaba los pisos del incendio,
ademas tenian en su contra el factor tiempo
porque el siniestro avanzaba con tal rapidez
que en unos quince minutos habia causado tal
devastacion de vida humana que hizo a la
gente recordar el hundimiento a causa de un
fuego del barco General Slocum en el que
murieron 1,021 pasajeros quemados o
ahogados.  El barco termina hundido en el
East River el 15 de Junio de 1904.
El fuego de la Triangle Waist Company y el
hundimiento del General Slocum tienen en
comun dos aspectos importantes, la
negligencia de sus propietarios y los procesos
judiciales en que ambos casos los
responsables salieron libres con excepcion del
capitan del barco, Van Schaick, que fue
convicto y paso tiempo en la carcel de Sing
Sing y luego de libertad condicional fue
perdonado por el presidente William H. Taft en
diciembre 19 de 1912.

El General Slocum funcionaba entonces como
barco de pasajeros. La Iglesia Evangelica
Luterana St. Mark pago 350 dolares para una
gira a traves del rio del Este en la Ciudad de
New York y terminaba en un lugar de excursion
en Long Island, este era como un rito para la
institucion que veni­a realizando por los ultimos
17 anos.  El dia del fuego en el area de
almacenamiento, todo fue una contrariedad
para los inocentes pasajeros.  Los botes
salvavidas fueron inaccesibles, ni siquiera
pudieron ser desatados, los chalecos estaban
podridos.  Entre los 1,300 a bordo de la nave,
la mayoria eran mujeres y ninos que no sabian
nadar.

En cuanto al edificio Asch habia sido
construido con una estructura interior a prueba
de fuego, pero desde anos anteriores no habia
pasado las pruebas de seguridad del New
York City Building Department.  El espacio
saturado de material textil, las maquinas tan
cerca unas de las otras que apenas permitian
espacio para las mujeres hacer su trabajo,
fueron los factores principales para la rapida
propagacion del incendio, se prohibia fumar,
sin embargo lo hacian, lo que se considera
como posible causa potencial del fatal
incendio.
Mientras el material inflamable
alimentaba las llamas infernales
fueron infructíferos los intentos por
comunicar el estado de emergencia
a los otros dos pisos superiores.  
Algunos lograron salir por la
escalera, pero esa avenida fue
obstruida por el siniestro con
rapidez.  Sólo había una pequeña
escalera de escape en el interior del
la estructura que permitió a algunos
salir, pero en minutos colapsó a
causa del peso de los
desesperados.  Entonces las
mujeres aterrorizadas optaron mirar
hacia abajo por los huecos de las
ventanas, a unos cien pies de altura.  
Sin otra alternativa, y a pesar de que
el público reunido en la calle
consternado gritaba que no lo
hicieran, las muchachas comenzaron
a lanzarse al vacío antes los ojos de
la gente acongojada, unas con los
vestidos encendidos por las llamas,
otras desorientadas por la
sofocación del humo o empujadas
por las victimas detrás de ellas,
reclamando un turno hacia la
muerte.  Una lluvia de cuerpos vivos
con sus cabellos y ropas en llama se
estrellaba contra las aceras y el
pavimento de la calle, otros cuerpos
cayeron desintegrados por los
cristales de protección instalados
allá abajo.  Los cuerpos de las
mujeres impactaban contra la dureza
del pavimento y la vida terminaba de
escaparse invisible al caer
impávidos en la oscuridad abismal
de lo desconocido.
Los dos jefe de la compañía, Isaac
Harris y  Max Blanck, escaparon con
tiempo usando la azotea del edificio,
no considerado por las operarias
acostumbradas a usar los
elevadores, ¿qué valía esa gente
para los dos magnates que le
exprimía su energía y le oprimían su
moral?
Una vez más la historia del país de
los sueños escribía un capitulo
ensangrentado. Eran otras victimas
de las ansias capitalistas por
acumular dinero, de la negligencia y
la indiferencia por la vida humana de
quien vende su fuerza como su único
medio de subsistencia.
El trabajo de los bomberos fue de
poca efectividad por varias razones,
a su llegada a la zona del desastre
ya eran tantos los cuerpos inertes en
las aceras y el pavimento que
dificultaron su labor, sus escaleras
no alcanzaban el octavo piso ni la
presión de sus mangueras alcazaba
los pisos del incendio, además
tenían en su contra el factor tiempo
porque el siniestro avanzó con tal
rapidez que en unos quince minutos
había causado tal devastación de
vida humana que hizo a la gente
recordar el hundimiento a causa de
un fuego del barco “General Slocum”
en el que murieron 1,021 pasajeros
quemados o ahogados.  El barco
terminó hundido en el East River el
15 de Junio de 1904.
El fuego de la Triangle Waist
Company y el hundimiento del
General Slocum tienen en común
dos aspectos importantes, la
negligencia de sus propietarios y los
procesos judiciales en que ambos
casos los responsables salieron
libres con excepción del capitán del
barco, Van Schaick, que fue convicto
y pasó tiempo en la cárcel de Sing
Sing y luego de libertad condicional
fue perdonado por el presidente
William H. Taft en diciembre 19 de
1912.

El General Slocum funcionaba
entonces como barco de pasajeros.
La Iglesia Evangélica Luterana St.
Mark pagó 350 dólares para una
gira a través del río del Este en la
Ciudad de New York y terminaba en
un lugar de excursión en Long Island,
este era como un rito para la
institución que venía realizando por
los últimos 17 años.  El día del fuego
en el área de almacenamiento, todo
fue una contrariedad para los
inocentes pasajeros.  Los botes
salvavidas fueron inaccesibles, ni
siquiera pudieron ser desatados, los
chalecos estaban podridos.  Entre
los 1,300 a bordo de la nave, la
mayoría eran mujeres y niños que no
sabían nadar.  

En cuanto al edificio Asch había sido
construido con una estructura interior
a prueba de fuego, pero desde años
anteriores no había pasado las
pruebas de seguridad del New York
City’s Building Department.  
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El espacio saturado de material textil, las
maquinas tan cerca unas de las otras que
apenas permitían espacio para las mujeres
hacer su trabajo, fueron los factores
principales para la rápida propagación del
incendio, se prohibía fumar, sin embargo lo
hacían, lo que se consideró como posible
causa potencial del fatal incendio.

Las condiciones de trabajo de la Triangle
Waist Company eran peligrosas y
sanitariamente inaceptables, después de la
tragedia los patronos alegaron que ni
siquiera sabían cuantas personas
trabajaban para ellos, ni cuanto era el
salario pagado, porque ellos usaban
contratistas, esos inescrupulosos que les
suplían de su necesario recurso humano.  
¡Qué manera de excusarse de tan alta
responsabilidad!

Como sabemos, sin el trabajo no puede
concebirse un sistema social determinado;
no pueden darse las clases sociales. Los
que dominan a las grandes mayorías se
adueñan del capital, de los medios, y
monopolizan los trabajos intelectuales, el
sistema jurídico y control político para
mantener una conspiración permanente
para explotar al trabajador. Todo trabajo
debe considerarse en principio digno, y por
tal razón, también a quien lo ejerce.  Del
mismo modo que las luchas civiles de lo
afroamericanos no terminó con la
discriminación de los negros en los Estados
Unidos, la explotación del trabajo y del
trabajador continuará mientras no sean
erradicadas las instituciones y el sistema
que constituye su razón de ser y causa de la
generación de riqueza como principal
propósito de las instituciones de carácter
económico.

El capital generado, el trabajo acumulado en
forma de dinero, de los trabajadores textiles
desde el principio del siglo pasado, hoy
forma parte de las arcas millonarias de una
economía diversificada y globalizada,
protegida por el neoliberalismo y el silencio
de muchos que exhiben el sarcasmo y la
hipocresía social para mantener una
posición de privilegio siempre a riesgo de
ser cobrada a su justo precio por la historia
que define y proyecta el futuro del planeta.


Fuente de información:
The Triangle Factory Fire, Webpage of
Cornell University, ILR School
The Triangle Shirtwaist Factory Fire Trial, by
Doug Linder (2002)