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El Primero de Mayo

Por Eramis Cruz
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Conviene advertir que para el 1855 la clase adinerada de Chicago temía perder el control
político a causa de que de los votantes inmigrantes, en su mayoría también trabajadores, tenían
más representación cuantitativa que los nacidos en los Estados Unidos. A partir de entonces se
intensificó la represión en variadas formas, dando inicio a una política antiobrera, activando todo
un mecanismo de discriminación contra los trabajadores y empleados en puestos de la Ciudad,
produciéndose una depuración de la administración pública. Grupos rompe huelgas fueron
contratados y constituidos en fuerza de choque para crear problemas a los trabajadores.

El sistema de explotación, inherente al capitalismo, repercutía con gran impacto en Chicago,
mientras los principios y derechos individuales aclamados por la Revolución Francesa fueron
echados de lado. Las maquinas cada vez más modernas desplazaban a los trabajadores. El
medio social se conjugaba de tal manera que los pobres y desempleados crecían de forma
contradictoria con el desarrollo de la gran industria.

La situación de la ciudad fue difícil para 1871 a causa de uno de los fuegos más siniestros que la
historia registra. Alrededor de 17,500 edificios fueron afectados por las llamaradas, 250
personas perdieron la vida, más de 100,000 quedaron sin hogar y las pérdidas se calcularon en
$200,000 millones de dólares. Cuantiosas donaciones fueron recibidas del extranjero, pero no
benefició en plano de igualdad a los trabajadores.

El 25 de noviembre de 1884 fue hecha una declaración firmada por el Presidente de los Estados
Unidos y el gobernador del estado de Illinois que proclamaba esa fecha como “a day of
Tranksgiven” (día de Acción de Gracias). Los trabajadores de Chicago resultaron sorprendidos
porque en medio de su estado de vida ellos no tenían de qué dar gracias, aunque quisieran. Fue,
al contrario, una ocasión propicia para organizar una marcha que es conocida con el nombre de
“Poor People’s March” (Marcha de los Pobres). A través de los barrios de los ricos avanzaron
tocando campanas y demandando trabajo. En esta marcha participaron algunos de los Mártires
de Chicago, entre los que se encontraba Albert Parsons y su esposa Lucy, de color negro. En
sus marchas también los niños participaban porque ellos como los obreros trabajaban y eran
explotados.

El 21 de abril de 1885 una marcha de los trabajadores alemanes fue reprimida en Chicago por
250 vigilantes (hombres al servicio de los comerciantes). El alcalde Boom ordenó que los
trabajadores fueran atrapados en medio del puente. La policía abrió fuego hiriendo a varios
trabajadores alemanes y matando a Steven Martin, de 26 años de edad.

La gran manifestación del 4 de mayo de 1886 demuestra no sólo el gran liderazgo de los
Mártires de Chicago, sino también la justicia de sus reclamos. La manera en que la gente acudía
a los eventos masivos que estos organizaban lo demuestra. El movimiento por una jornada de
ocho horas tomó fuerza en el mes de mayo por ser una fecha apropiada para el inicio de
negociaciones de nuevos contratos de trabajos. El primero de mayo (1886), 340, 000
trabajadores de Estados Unidos echaron a un lado sus instrumentos de trabajo para reclamar la
jornada de ocho horas. De éstos más de 80,000 hicieron tal acción en Chicago.

El domingo 2 de mayo el área de la parte baja de la Ciudad se activó con la presencia de
35,000 trabajadores que marcharon a través del Grant Park. El lunes 3 de mayo August Spies
dirigió un discurso a los trabajadores en los alrededores de la gran industria “McCormick
Reaper Plant” en un mitin que se efectuaba, y pudo ver por sí mismo cuando el inspector
Bonfield, al mando de la policía atacó a los trabajadores, por lo que Spies demandó una acción
en protesta por el abuso.

El primero de mayo se propuso el mitin del día 4, para el que se distribuyeron 20,000 volantes y
se consiguió permiso legal para su realización. El evento fue programado para las 7:30 de la
noche. A esa hora había una multitud de 2,500 personas, los oradores no habían llegado,
August Spias demandó la presencia de Albert Parsons, que llegó a tiempo para su discurso, y
luego habló Samuel Fielden.

El alcalde Harrison había llegado temprano para cerciorarse personalmente del orden. El
Alcalde confrontaba problemas con el control de la policía y gozaba de cierta simpatía entre los
trabajadores. Pero el inspector Bonfield estaba comprado por los patronos, especialmente de la
compañía McCormick.

Al contactar el alcalde Harrison que todo estaba en orden, ordenó al inspector Bonfield y al
agente Ward retirar sus hombres del lugar (Haymarket Square). El inspector Bonfield no
obedeció la orden de su superior y luego de que éste se marchó, ordenó a sus 176 policías
dispersar la multitud. A las 10:30 una poderosa bomba fue lanzada por alguien desconocido
hasta hoy, el policía M. Digan resultó muerto y el oficial Harrison perdió una pierna. Fuerzas
oscuras trataron de boicotear el mitin de los trabajadores y comprometer a sus líderes.
Para el 5 de mayo los trabajadores tenían una situación difícil, el inspector Bonfield y el capitán
Shaack dieron inicio a los arrestos de los Mártires de Chicago, los ocho principales lideres del
movimiento por una jornada de ocho horas de trabajo. La libertad de expresión fue afectada,
cientos de trabajadores fueron arrestados, muchos hogares allanados ilegalmente, la ley marcial
fue impuesta en Chicago.

Nunca se supo quien lanzó la bomba el 4 de mayo en Haymarket Square, pero los círculos de
poder consideraron conveniente la coyuntura que le permitió hacer uso del poder judicial, como
instrumento manipulado mediante un jurado contrario a los intereses de los trabajadores. Fue
una conspiración para apagar la voz de quienes gritaban justicia, libertad, y reclamaban ocho
horas de trabajo.